¿Alguna vez sentiste que la vida es injusta? ¿Alguna vez viviste experiencias de injusticia? ¡Bienvenido al planeta tierra! Una de las frases preferidas de los adolecentes es: “No es justo”. Lo dicen a menudo los adolescentes pero lo mantenemos a lo largo de la vida. Existen dos tipos de justicia:

1.       la justicia social y

2.      la justicia personal.

La justicia social está basada en la equidad y tiene que ver con tratarnos bien, con respetarnos, con las normas establecidas a nivel social. Y mi justicia personal es lo que es justo e injusto para mí. La justicia social no es tan fácil como parece. En un pueblo en otro país mataron a una chica y la gente de los otros pueblos quiso levantar un monumento en honor a ella. Pero los lugareños y los padres de la joven no querían un monumento porque esto implicaría realizar una marcha todos los años. Ninguno de ellos quería tener problemas, querían vivir con tranquilidad; mientras que los otros decían: “Nosotros tenemos que levantar un monumento a la justicia”.

¿Qué se debería hacer en un caso así? Lo que aparentemente parece ser equitativo no es tan fácil de definir. Muchas veces no se trata de justicia social, sino de justicia personal. Qué sentimos nosotros que es justo. La persona piensa: “Me tendrían que haber nombrado porque eso es justo para mí; me deberían haber tratado de tal manera porque yo me lo merezco”. Todos nosotros nos movemos en nuestro propio código de lo que pensamos que es justo e injusto.

Comparto algunas ideas:

El mundo no es justo

No existe en un cien por ciento la justicia en el mundo. Por eso, necesitamos liberarnos del concepto de que la justicia existe totalmente. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, vivimos situaciones de injusticia y las vamos a vivir en Argentina y en cualquier otro país, hoy, mañana y siempre. La justicia absoluta no existe.

Es posible vivir por encima de las pequeñas injusticias

Todos experimentamos “microinjusticias” permanentemente. Es importante liberarnos de ellas también. Si estoy en una fila y me doy cuenta de que alguien se coló, ¿qué tengo que hacer? Dejarle el lugar. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Decírselo. Se lo puedo decir pero lo mejor es liberarme y no involucrarme en una pelea desagradable, como hacen algunos. “Mirá, yo estaba primero en la fila pero si querés estar adelante, no hay problema”. De esa manera, a pesar de las pequeñas injusticias diarias, podemos vivir felices y con buena salud.

Si no aprendemos a volar por arriba de las microinjusticias, quedaremos anclados en ellas.

“¡De ninguna manera usted se va a colar, yo estaba primero y a usted no lo van a atender antes que a mí porque eso no es justo!”, podría también decir pero esa sería una postura adolescente. Podemos pensar que algo no es correcto pero, si sucedió así, debemos aceptarlo y seguir adelante porque es posible vivir por arriba de las pequeñas injusticias (aquí no me refiero a casos graves de injusticia como una estafa o una violación) y ser felices. Las injusticias siempre van a estar presentes.

Hay injusticias incluso dentro de la familia. El mundo justo no existe, sino lo que se llama la “ilusión del mundo justo” que declara: “Al bueno le va bien y al malo le va mal”. La realidad que vemos es que al bueno le va bien por hacer el bien y también le va mal por hacer el bien. Si te comportás de manera justa, no mires lo que el otro hace o deja de hacer. Celebrá que sos capaz de actuar justamente y liberá a los demás de toda demanda.

 

 

Créditos

  • Si tenés alguna inquietud, podés escribir a Bernardoresponde@gmail.com:
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