Juan Sáenz Valiente, al galope de la historieta

Invitado de honor en el reciente festival de Lyon, el ilustrador argentino más inquieto de los jóvenes se muestra en su real dimensión

Una buena parte de los Sáenz Valiente son polistas y de distintas generaciones. El caso de Juan, nacido en Buenos Aires, en 1981, es todo lo contrario, ya que se dice sobre él que es historietista, ilustrador y animador. ¿Alcanza con definirlo así? No tanto. Pero sí, en cambio, lo sitúa, para quien aún no sabe que se trata de uno de los mejores del país. Llegó a la élite de la historieta argentina hace 10 años, cuando publicó “Sarna”, en Francia, historieta con guión de Carlos Trillo (que, si es por hablar de élite, habría que inventar ya otra categoría para colocarlo allí).

 

Juan Sáez Valiente recorre los caminos insondables de la historieta, con una potente imaginación a cuestas, acercándonos a mundos, personajes y ambientes, imposibles de eludir. Si alguien se considera curioso ya es hora de saldar la deuda con su arte. Su caballo de polo es un "streetboard",  sobre el cual posee una carrera por lo menos curiosa. Y su petisero en este ejercicio bien es su perro, al que verán en fotos aquí, mientras se desgrana lo que corre por la mente y las venas de este ilustrador de la new power generation.

 

Juan está en Francia desde hace un largo mes. Y hace menos de 10 días llegó hasta Lyon, como invitado de honor del BD Festival, uno de los encuentros más importantes del cómics del mundo. En esta edición, los franceses quisieron rendir homenaje a lo que llaman “la explosión de diseñadores de cómics argentinos y alemanes”. Allí se reunieron 230 autores de una docena de nacionalidades. “Argentina, con su  antigua cultura del cómic, a medio camino entre los americanos tradicionales y la cultura franco-belga es honrado por segundo año consecutivo”, dijo Mathieu Diez, el director de Lyon BD Festival.

 

En la lista de invitados asomaron Eduardo Risso, Jorge González y Juan Sáenz Valiente. Aquí también contará cómo fue trabajar en la revista Orsai, junto a los guiones de Alfredo Casero. Habla sobre la historieta suya que comienza a filmar HBO en Montevideo en breve (“El hipnotizador”), del trazo de Quino, y de miles de otras cosas más, para aproximarse a un artista decidido a superarse en cada nuevo desafío.

 

Mauricio Runno -¿Cuáles son los creadores que más te interesan y con cuáles compartiste la feria de Lyon?

Juan Sáenz Valiente - Aquí pude estar al lado de Ed Carosia y Jorge Gonzalez, que son unos de mis dibujantes favoritos de Argentina, pero que como viven en España no los veo muy seguido. Cuando estoy en un festival me siento más atraído por los stands más pequeños e independientes, ya que todo lo otro lo puedo encontrar en las librerías. Los que se autoeditan o son editoriales muy pequeñas, cumplen tal condición por dos motivos: o apuntan a ser parte del sistema más oficial, pero no les da el cuero, o hacen cosas más raras y jugadas, que no encajan tampoco en el sector de las editoriales más consagradas. Entre estos segundos, se encuentran las cosas más interesantes. Hay muchos siguiendo tendencias mediocres del mundillo independiente, otros que experimentando hacen cosas feas, y otros muy pocos que experimentan y les salen cosas bárbaras.  Ahora, en este festival, en un piso de arriba, en un rincón aislado, conocí a un pibe que se llama Remy Mattei, del cual me encantó su laburo.

MR - HBO adaptará la historieta “El hipnotizador”, de la cual sos co-autor con Pablo De Santis. ¿Qué detalles se pueden adelantar sobre esta serie televisiva?

JSV - La verdad es que no sé mucho (risas). En su momento nos contó el representante de De Santis que lo habían contactado por el proyecto. Cuando la cosa avanzó, los productores brasileros, de paso por Buenos Aires, nos invitaron con De Santis a desayunar; muy macanudos. Contaron que se trataba de HBO. La idea era hacer la serie de 8 capítulos para Brasil, filmados en Montevideo. Después De Santis se puso a laburar con los guiones, en conjunto con guionistas brasileros, cosa que no le era fácil por el hecho de compartir textos en diferente lenguaje, pobre. Después, hace poco, De Santis me dijo que el director se encontraría con Leo Sbaraglia para hablar de la posible colaboración en el proyecto y que estaba a contrarreloj para terminar con los retoques de los guiones, porque se acercaban las fechas del rodaje. Así que contuve mi costado de vieja chusma y no quise molestarlo más. A los pocos días me publicaron en mi muro de Facebook un artículo que hacía pública la novedad y confirmaba que Sbaraglia sería el actor principal. Es todo lo que sé al respecto. No entendí finalmente si la serie será en español o si Sbaraglia hablará en portugués. No sé no quién hará de Salinero, ni quién de Elvira, ni quien de Darek, ni quién la dirige. Es un poco como en ese capítulo de Los Simpsons, en el que hermano de Homero le encarga que diseñe un auto para su compañía y no ve nada del proyecto hasta el último día que se abre el telón y se encuentra con que el auto que diseñó es una porquería. Me gusta que me pase lo mismo.

 

MM -¿Cómo imaginas a Montevideo como locación de "El hipnotizador"?

JSV - Puede dar muy bien. Montevideo sobrevivió mejor que Buenos Aires a las demoliciones de las construcciones antiguas. Y está menos contaminada de esos edificios modernos hechos a base de durlock. De todos modos, lo que harán los de HBO es una adaptación. Son libres y pueden hacer lo que quieran; compraron los derechos y es de ellos; su versión puede pasar en el futuro y en Michigan, y Adrián Suar puede hacer del hipnotizador, si se lo proponen (risas).

MM -¿Retocaste varias veces estos dibujos? ¿Del trance de historieta en “Fierro” hasta esta versión audiovisual? 

JSV- Sí. Considerando que uno dibuja la cara de un personaje a lo largo de una historieta aproximadamente unas 600 veces, es inevitable que cambie. Entonces, una vez terminada la serie publicada en “Fierro”, y al proponerse pasar al formato recopilatorio, hubo que emparejar inevitablemente todas las caras. Además de algunos dibujos que con el paso del tiempo entre una y otra publicación, dejaron de gustarme.

 

 

MM Has dicho: “Publicar una historieta es como disparar a la niebla; no sabés si le pegaste, ni a quién”. ¿Cómo sentis ese disparo, pensando que estas en Francia y en el festival del  Lyon?

JSV - Me refería a eso comparando al teatro, o los conciertos, o esos medios en los que uno está en contacto directo con el receptor de la obra al momento que es recibida. Así funciona el teatro; hacen un chiste y si el público se ríe, lo siguen haciendo. Si no lo cambian, o lo sacan; la obra se va moldeando en base a la reacción del público. Yo hago una historieta y meto un chiste y, entre que la hice y le llega a la gente, pasa como un año. No tengo la posibilidad de ajustar esas tuercas, ni sé si es gracioso o no. Me encantaría espiar a los lectores mientras leen mis cosas desde el cuarto de al lado, por un agujerito de la pared, como Norman Bates en “Psicosis”, y ver si sueltan una risita de vez en cuando (risas). Calculo que si estoy acá aunque sea a los franceses, que me invitaron, les gustó lo mío. Pero es lo mismo; nunca entendés muy bien qué es lo que el lector sintió. Está bueno ese desentendimiento. Uno lo putea un poco pero es imprescindible.

MM  -¿Te llevaste el streetboard a Francia? ¿Cómo nació ese hobbie?

JSV - No, no me la traje. Fue un gran dilema. El problema es que me vine con el perro. Y la patineta, sumado a las protecciones y el casco y los repuestos, me ocupaban toda la mochila. Y acá estoy haciendo una vida muy nómade y me compro muchos libros; no pude. El hobbie nació cuando mi padre me regaló un skate en 1989 cuando me operaron de amígdalas y adenoides. Aprendí a andar y después quise aprender a saltar desde el piso con la patineta. Mi padre me explicó en su entonces que no se podía saltar con la patineta desde el piso; que simplemente uno podía dejarse caer desde un lugar más alto, pero no elevarse desde el suelo con ella. A mí me parecía que los otros que patinaban lograban hacer saltar la tabla, pero él me dijo que no. Eso me desalentó y dejé de patinar. Luego unos amigos en 1997 se compraron un streetboard, que es una patineta articulada, en la que los pies van fijados a la tabla, por lo que se podía hacer saltar la tabla. Eso me tentó, entonces él organizó una vaquita con mis compañeros del colegio, me regaló una, y me puse a patinar con él. Así fue que, ya mayor, volví a patinar. En el ambiente de las rampas me reencontré con el skate y pude observar que, efectivamente, se podía hacer saltar la tabla elevándola del piso; es una maniobra que se llama “ollie”. Si mi padre no se hubiera equivocado quizás no me hubiese dedicado al dibujo y me hubiese sumergido en el mundo del skate, quién sabe. Me acuerdo que llevé orgulloso la evidencia a la casa de mi padre; un video de campeonatos de skate de altura de ollie en el piso que le hice ver, pero él no le dió relevancia a mi reproche. Así que ahora ando en streetboard como hobbie y la paso bárbaro, porque como lo llevo atado a los pies puedo hacer un montón de pruebas que de haberme propuesto lograrlas con el skate, debería haber entrenado toda mi infancia para lograrlas.

 

 

 

 

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