Esa voz interna que no te deja estar bien

y te impide vivir en paz

Foto: parati.com.ar

El qué dirán… un concepto interesante.

Hace referencia a la crítica social, lo que los demás podrían decir sobre nosotros. Básicamente, se trata de la opinión de aquel grupo de personas -la sociedad, la familia, las amigas, los compañeros de trabajo- cuya aprobación nos interesa, y mucho.

Este interés surge ante la necesidad de sentirnos queridos. El problema reside en el hecho de que, casi en el 99% de los casos, esperamos que el afecto que buscamos provenga de un tercero. Y, como consecuencia de ello, actuamos condicionados por la respuesta que el otro pueda darnos, no vaya a ser que... que me odie, que me eche, me maltrate, me deje, me ignore, que lo desilusione, me reemplace o ya no me elija, que me desprecie. De esta forma, ese otro tiene todo el poder del mundo sobre nosotros.

Pero eso no es todo, mientras tanto, mientras nuestra vida se sucede entre estas acciones y reacciones que buscan la valoración y hasta la celebración de los demás, hay una voz que dirige la orquesta. Una voz interna que muchas veces es paralizadora y contundente en todas sus apreciaciones hacia lo nuestro. De ella escuchamos a diario afirmaciones como las siguientes:

Estoy horrible.

Seguro que me va a traicionar.

No puedo.

Qué tonta.

Podría haberlo hecho mejor.

Soy una inútil.

Debería ser diferente.

Sin embargo, esa "voz" nada tiene que ver con nuestra esencia, tan sólo repite creencias que muchas veces ni siquiera son nuestras. Es la voz que hemos ido alimentando con el paso del tiempo sin haberla cuestionado nunca. Nos juzga como no suficientes, obligándonos a salir en la búsqueda de los que nos falta para poder "estar completos". Para algunas, ese algo será una pareja, para otras un auto, un trabajo o unos cuantos kilos menos.

Pareciera ser que la mayoría de las mujeres le prestan mucha atención, no importa la profesión, condición social, edad o estado civil que tengan. Muchas tenemos esta especie de pájaro carpintero que taladra en todo momento la cabeza mientras nos repite cuán vulnerables somos, nos recuerda todo lo que no podemos, nos compara con los demás y procura que nos sintamos víctimas de lo que nos pasa. Víctimas de todo lo que nos rodea, de nuestros padres, el jefe, el marido o la soltería, los hijos, la celulitis, la economía o la dieta. Lo que sea, pero siempre culpando a los demás, eso seguro. 

 

Hasta la famosa conductora norteamericana Oprah Winfrey se incluye en este grupo de mujeres autocríticas. La comunicadora, empresaria y mujer exitosísima -entendiendo como éxito la capacidad de vivir de lo que nos apasiona-, cuenta que su crítica interior le sigue haciendo la vida difícil y la molesta constantemente con sus problemas de sobrepeso. "Oprah reconoce que a veces se siente avergonzada y molesta por ser tan talentosa, haber alcanzado una relevancia tan grande en todo el mundo y, no obstante, ser incapaz de disfrutar la alegría plena por pensar que se ve gorda en ciertos momentos."
Parece que nadie se salva de los juicios internos descalificadores, ni Oprah Winfrey.

¿Cómo hacer para acallar esta voz y dejar de darle el poder sobre nuestras emociones?

La autoindagación 

Byron Katie, la autora que invita a que cuestionemos nuestros pensamientos estresantes, ideó una herramienta para tal efecto, llamada "el Trabajo" (The Work) que trataré de recrear aquí en forma resumida. El objetivo final de esta metodología es poder identificar qué pensamientos están dirigiendo nuestras emociones y acciones. Algo que suena simple, pero no lo es tanto, puesto que no todo el mundo está dispuesto a mirarse y reconocer lo que está operando en su interior, sean luces o sombras. Se trata de querer mirarse para darse cuenta, de todo corazón, con toda el alma.

Para lograr ese "darse cuenta", es necesario estar atentos a cómo nos sentimos, de manera que, cuando detectemos que algo no anda bien porque ya no estamos en paz, podamos detenernos un momento.
En ese preciso instante, cuando la angustia, el miedo o la rabia comienzan a hacer su ruido, debemos tratar de identificar qué nos estamos diciendo, cuál es el "speech" que está activo en nuestra cabeza, qué estamos creyendo.  Aquí encontraremos los "no puedo", "no sirvo", "no me quiere", "siempre me lastiman", "estoy fea", "nunca seré", "no me lo merezco", "merezco este dolor", y mil etcéteras.

Una vez aislado el pensamiento o creencia, lo miramos bien de cerca y, dispuestos a ser totalmente honestos y sinceros, apelando a nuestra sabiduría interior, nos disponemos a cuestionar esa idea haciéndonos algunas preguntas como las siguientes: 

¿Es verdad?

¿Según quién?
¿Y qué?
¿Cómo te sentís cuando creés eso? 
¿Quién serías sin ese pensamiento?

Pero cuidado, es fundamental pensar las respuestas y mucho. Para desafiar a esta voz necesitamos ser reflexivos y analizar cada palabra en toda su dimensión junto con el significado que le estamos dando.

Veamos un ejemplo de cómo encarar las preguntas.
Si te descubrís diciéndote"Soy un desastre. Nunca me sale nada"


Preguntate:

. ¿Es verdad que soy un desastre? 

Esperá. No respondas de manera intempestiva. Conectate con Vos antes de responder. Y preguntate de vuelta: ¿es verdad que soy un desastre? Pensá en el significado de la palabra desastre. Pensá que la aseveración "soy tal cosa" es muy fuerte puesto que pretende definirte. Yo soy un desastre... ¿Es verdad eso?
 ¿Sos realmente eso? ¿O sólo te has equivocado? Y, si has cometido un error, ¿qué podés hacer para repararlo?

.Y cuando pensás que sos así, "un desastre": 
¿cómo te sentis? -hacé una lista de las emociones que experimentás cuando creés eso- 
¿cómo te tratás a vos misma? -hacé una lista de las cosas que hacés en tu contra- 
¿cómo tratás a los demás? --hacé una lista de lo que hacés a los demás-

Es muy, muy importante que escribas todo lo que te estás contestando, de manera espontánea, dejando que las palabras fluyan sin fijarte mucho lo que dicen, para que, una vez terminado el ejercicio, puedas leer con detenimiento todo lo que te estás diciendo sin control alguno de tus pensamientos. Y vas a poder ver cómo cambia tu mundo según los pensamientos que te estás creyendo, cómo cambiá el trato con vos misma y con los demás.

. Y finalmente, ¿quién serías sin ese pensamiento? ¿Quién sos cuando no te creés eso?
Aquí apelamos a la idea fundamental de que, por el sólo hecho de Ser, somos completos, íntegros, suficientes. Cuando dejamos de lado la autocrítica dilapidatoria, aparece nuestra esencia.

- "Nunca me sale nada"

¿Es verdad que nunca te sale nada? -hacé una lista de las cosas que te han salido en tu vida-
Cuidado con los "siempre" y los "nunca". Cuando hacemos autocrítica tendemos a generalizar, tomamos una situación o una experiencia y la catalogamos como absoluta sacándola de contexto.
"Nunca me sale nada". ¿Es verdad que nunca te ha salido nada? 
Cuidado también con los "debería", o los "tengo que". A veces responden a los requerimientos de otros y a nuestro deseo de ser aceptados por ellos. Probá reemplazarlos por "quiero"… ¿Cómo te resuena ese cambio?

En resumen, la autoindagación te va a permitir identificar las creencias y juicios estresantes que no te hacen bien y cambiarlos por otros que te permitan recuperar la paz.

Se trata de darse cuenta para cambiar la mirada. Darse cuenta de que estamos dejando que una voz interna automática se encargue de dirigir nuestras emociones y con ellas nuestros estados internos, sin que hayamos intervenido de ninguna manera siquiera para validarlo. 

La invitación queda hecha: Tomemos control de nuestros pensamientos y elijamos qué pensar y cómo sentirnos. Y así podremos ir desterrando la maleza que está arruinando nuestro jardín y ¡comenzar a plantar flores!.

 

 

Sobre la autora
Lic. Maria Valeria Sederino - contacto@primerafila.com.ar
Coach International Coaching Community -  matrícula 7653
Coach Psicológico Integral

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